Aunque estamos acostumbrados a ver trampolines únicamente en piscinas deportivas, son también una opción muy interesante para piscinas particulares. Y es que cada vez es más habitual encontrar trampolines en recintos privados.

Aun así, y pese a que los trampolines se han convertido en uno de los accesorios preferido de los más pequeños, no hay que olvidar que pueden entrañar ciertos riesgos en materia de seguridad. Y especialmente si se hace un uso incorrecto del mismo.

Por tanto, resulta vital elegir el trampolín que mejor se adapte a tu tipo de piscina y a la edad de los niños que lo utilizarán, además de seguir detalladamente las instrucciones de uso. En principio no hay mayor requisito para instalarlo que hacerlo en una zona de la piscina que tenga al menos 2 metros de profundidad.

Tipo de trampolín

Existen diferentes tipos de trampolín. El más habitual es el tradicional, conocido como ‘clip’, que requiere de una base de longitud similar a la tabla.

El trampolín ‘ballesta’ es también uno de los más populares, se trata de una tabla plana cuyo borde queda generosamente adentrado en la piscina. Esto lo hace uno de los más seguros para evitar golpearse con el borde en un salto fallido.

También hay opciones más sofisticadas como el trampolín ‘delfino’, con su característica tabla curva, o el ‘elevado’, algo más aparatoso ya que requiere de una escalera.