La tensión del agua congelada es uno de los mayores peligros a los que puede exponerse una piscina. Una masa de hielo de ese tamaño en muchos casos acaba agrietando las paredes de la piscina y provocando daños irreparables en las tuberías. Pero no hay razón para preocuparse, ya que existen diferentes trucos y técnicas para evitar llegar a esta situación.

1. Instala un cobertor de invierno

Los cobertores de invierno tienen múltiples beneficios, como la conservación del calor o protección frente a la suciedad. Además, evitan la proliferación de microorganismos, sirviendo como el mecanismo ideal para mantener en perfecto estado una piscina en los meses de inactividad.

2. Haz uso de flotadores de hibernación

Los flotadores de hibernación se colocan en forma diagonal en la piscina y quedan suspendidos en el agua impidiendo que se forme escarcha o hielo. Son diseñados para absorber el aumento del volumen del agua, liberar el exceso de presión y evitar, así, cualquier posible grieta en nuestra piscina. Además, cuentan con unos orificios que permiten atarlos entre sí para adaptarlos a la dimensión concreta de nuestra piscina.

3. Genera movimiento en el agua

Este último truco sólo sirve en zonas donde el invierno es suave, y consiste en poner en marcha la bomba de agua para generar un movimiento en el agua y romper las posibles placas de hielo. Eso sí, durante las heladas más intensas no se recomienda hacerlo ya que puede dañar la instalación.