El agua turbia es una de las pesadillas de muchos propietarios de piscinas. El color que tome el agua puede darnos una pista de cuál exactamente es el problema y cómo abordarlo.

Por ejemplo, el agua turbia de colores verdosos suele apuntar a la existencia de algas, aunque también puede deberse a un nivel de cobre excesivamente alto. En este caso se debe llevar a cabo un tratamiento desinfectante -generalmente se hace con cloro-, y hay que reajustar de nuevo el pH a niveles normales.

En el caso de que el color sea blanquecino, puede deberse a suciedad en el filtro o, también, desajustes en el pH. Si el pH está en los niveles normales tendremos que revisar los filtros porque lo más seguro es que el problema se encuentre allí.

Si el color es grisáceo o más oscuro, en este caso se debe a partículas en suspensión, es decir, polvo y suciedad. Igualmente deberemos revisar el filtro y en algunos casos será necesario aplicar floculante.

Por último, otros casos en los que se detecte únicamente viscosidad u olores fuertes, aunque no cambio en el color del agua, suele tratarse de algas, bacterias o simplemente desajustes del pH. En este caso con ajustar dichos niveles y aportar floculante debería ser suficiente.